Así apareció la felicidad

RRHH

Siempre trabajé duro para conseguir todo aquello que me proponía: una moto deportiva, un coche, una mejor cámara, un trabajo estable… y sin embargo nunca fue suficiente para alcanzar la felicidad. Al empezar simplificar mi vida, comencé a sentir satisfacción. Curioso, ¿verdad?

Siempre fui muy exigente conmigo. Nunca me permitía «perder el tiempo en nada». Todo consistía en ser mejor, en tener lo mejor… con una cuenta atrás en todo lo que hacía. Estaba metido en mil proyectos, en estudios… era un bucle retroalimentativo negativo.

Comencé a deshacerme de las cosas que usaba de manera esporádica (mediante ventas y donaciones). Quedando casi lo que uso a diario. Al no tener tantos objetos, decidí no estudiar tanto y evitar tener diversos proyectos a la vez. Me comencé a aceptar.

Gracias a esas acciones, comencé a sentir que no tenía esa ansiedad que llevaba conmigo durande más de una década. Esto encadenó una reacción que no esperaba: comencé a comer más sano y a invertir tiempo en lo que realmente aprecio.

Al comer menos dulces, comencé a verme mejor. Comencé a tener más confianza en mí, aunque no fuera como el que quisiera. Por otra parte, al tener menos objetos materiales, comencé a confiar más en las personas que me rodeaban.

Esa confianza se transformó en experiencias y momentos compartidos, complicidad. Además, los momentos en los que estaba solo, me permitía el lujo de reflexionar sobre quién soy, dónde estoy y hacía dónde quiero ir.

Durante un año, paso a paso he logrado entrar en paz conmigo mismo. Sabiendo lo que realmente valoro en mi vida para invertir mi tiempo en ello y sentirme feliz.

Por ejemplo, la felicidad apareció en mi sonrisa al escribir esta pequeña experiencia personal con el deseo de ayudar a algún lector que se encuentre perdido en un mar de emociones.

¿Te gustaría compartir alguna experiencia con la que logras estar realmente feliz?

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