Ser el trofeo de tu pareja

Al iniciar una relación, siempre estamos dispuestos a todo. Sin embargo, sientes que pierdes las alas y todo aquello que te caracteriza. ¿Realmente es amor o eres un trofeo?

En un mundo tan competitivo, en ocasiones, las personas queremos tener una pareja para presumir ante los demás, de la misma manera que luces un trofeo en forma de victoria.

Puedes ser un trofeo por tener una cara bonita, una radiante sonrisa, una personalidad cautivadora, la actitud predispuesta… Cuando eso ocurre, la persona aceptará todo con tal de poseerte (incluso cosas que no toleraria).

Una vez se obtiene a la persona “trofeo”, la relación irá bajando de interés. Lo que alimenta la opinión viene de las personas del exterior de la relación, y no de la propia relación. En otras palabras, la satisfacción viene por ganar y creerse mejor que el resto.

Los movimientos de la relación poseedor-trofeo.

El primer movimiento, el poseedor querrá controlar todo el entorno de la persona trofeo. Conocer todas sus amistades y observar la “competencia” directa.

El segundo movimiento, consiste en limitar la libertad de expresión, movimientos y relaciones personales. El objetivo de la persona poseedora es no compartir el trofeo, solo lucirlo en eventos sociales.

El tercer movimiento continua en la disconformidad de la persona trofeo por querer seguir teniendo una vida, como antes de la relación. Es ese un momento decisivo, se pone a prueba la relación. Existe la posibilidad de un chantaje emocional, por parte de la persona poseedora para anularlo.

Si en el tercer movimiento, se repite constantemente y no hay un claro ganador, empezará la decepción: el trofeo no brillará tanto como antes. El “trofeo” se apagará por estar limitado y la persona poseedora no entenderá porqué no actua de la misma manera que al inicio de la relación (llena de vida).

La belleza del trofeo.

El “trofeo” antes era libre, y la belleza de la vida consiste en mostrarase como es uno mismo. Por desgracia, es muy poco probable que la persona poseedora se de cuenta de ese asunto.

La persona poseedora piensa que la persona trofeo debería estar agradecido de todo aquello que le ofrece, sin entender que fue intolerante y empequeñeció la vida del “trofeo”. En estos momentos, el trofeo mostrará tristeza, decepción y falta de pasión.

Los dos sois culpables.

Una relación es cosa de dos, y cada uno pone su grano de arena para que esto ocurra. El poseedor busca cortar la libertad para asegurar el trofeo, mientras que el trofeo acepta que le corten sus alas para que el poseedor no se sienta mal.

Si eres una persona trofeo, solo puedo recomendarte que pongas fin al control y que te corten la libertad. Solo así, podrás obtener una relación realmente sana y podréis disfrutar juntos.

¿Quieres añadir algo? Estaré encantado de escucharte.

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